TMB ha lanzado la segunda parte de su campaña ¿Te crees muy listo? Si segundas partes nunca fueron buenas, ésta no sólo es mala sino claramente abyecta y de una bajeza tremebunda. En esta ocasión seguimos viendo el mismo muñequito con forma humana saltando por encima del torniquete de acceso al metro pero el vil eslogan que ahora lo acompaña lleva por título El que la hace, la paga. Acto seguido se nos advierte de qué hemos de pagar si la hacemos. Para ilustrarlo, recordemos cuales eran las premisas de la primera parte de la campaña (sic): ¿Te crees muy listo? Tú mismo... 1) Hay 3.306 cámaras de vigilancia y quedarás retratado; tú mismo... 2) La multa por viajar sin billete te puede costar de 50 a 600 €; tú mismo... 3) Si no llevas billete no estás cubierto por el seguro de viaje. (La letra en negrita pertenece a la campaña, no es mía).
La subcampaña El que la hace, la paga se centra en el segundo apartado exclusivamente, es decir, ni las cámaras ni el seguro importan ya. Como somos tontos y no nos habíamos enterado en la primera parte de la campaña, TMB nos vuelve a aleccionar al respecto: si la hacemos (viajamos sin billete), la pagaremos (la multa de 50 a 600 €). Todo un alarde de inteligencia y de pedagogía por parte de los creativos publicitarios que han ideado la campaña y de los que le han dado el visto bueno y luz verde.
Derroche de inteligencia porque la oración compuesta del eslogan está mal empleada: no se puede aplicar el pronombre la para sustituir el sintagma viaja sin billete, ambos deben coincidir en persona, género y número; cabe decir que el segundo pronombre la de la frase está utilizado correctamente y, ahí sí, sustituye a un sustantivo femenino singular con su respectivo artículo femenino singular (la multa). Es decir, la frase correcta sería El que lo hace (viajar sin billete), la paga (la multa). A menos que TMB se refiera a que El que la hace (la infracción, la fechoría, la ilegalidad), la paga (la multa), con lo que entonces lo incorrecto sería el verbo hace pues las infracciones, las fechorías, las ilegalidades no se hacen, se cometen. De manera que gramaticalmente, lo miremos por donde lo miremos, lo único que está bien empleado en el eslogan es la multa. ¿Casualidad?
Exhibición pedagógica porque si el eslogan no se aplica correctamente, la ambigüedad del mensaje hace correr el riesgo de que éste se pierda y a ver entonces quién es el guapo que nos explica lo que TMB nos quiere hacer entender realmente. Por más que se quiera disfrazar, el mensaje del eslogan, por desgracia, emana un tufo rancio y anacrónico con reminiscencias que evocan los oscuros y siniestros métodos empleados antes de la presente democracia por nuestros dirigentes, abuelos, padres y educadores para acojonarnos, siendo equiparable a aquello que nos decían con el dedo índice enhiesto de si no te portas bien, vendrá el coco y te comerá.
A pesar de tanto desaguisado, o como consecuencia de ello, TMB sigue sin explicarnos qué motivos dan lugar a la exorbitante diferencia entre el castigo mínimo y el castigo máximo. Me vuela la imaginación: ¿según la modalidad del cuele, pagas más o menos? No es lo mismo saltar el torniquete de acceso con pértiga que hacerlo al más puro estilo de 100 metros vallas, o en modalidades como el salto de altura o el salto de longitud, y no digamos ya si en lugar de saltar se te ocurre pasar por debajo del torniquete. Propongo que en los vestíbulos de cada una de las estaciones de metro y en las plataformas de cada uno de los autobuses de TMB, se instale una mesita con un jurado formado por una o varias personas, dependiendo del espacio, que levanten unas cartulinas inscritas con la penalización obtenida por el cuelista de turno según su pericia y su estilo -o la falta de ambos- a la hora de ejecutar el salto a la ilegalidad: si ha realizado un salto limpio y grácil sin ayuda de objeto alguno, se le aplicaría una pena leve, de entre 50 y 100 euros; en cambio, si en la realización del salto se ha llevado por delante a una abuela ocasionándole fractura de fémur, por poner el caso, entonces se le aplicaría una pena con agravantes y pagaría los 600 euros del ala -amén de una indemnización a la abuela- por cometer la fechoría de colarse y, además, ser tan chapucero en el intento. Los casos serían innumerables y con tanta gama de matices que el jurado debería ser escogido minuciosamente, en base al buen gusto y la capacidad de apreciación del estilo y la técnica empleados en la ejecución de los saltos. Además, se contribuiría a paliar en parte la crisis sacando a una buena cantidad de personas del paro, y ya que la campaña pretende que nos convirtamos en jueces unos de otros, al menos que nos retribuyan por ello.
¿Cree verdaderamente TMB que esta es la manera y el tono más apropiados de concienciar a sus usuarios? ¿Le importa a TMB encontrar un tono didáctico y justo? No lo creo, TMB está decidida a meternos miedo. En la primera entrada de este blog califiqué, textualmente, la campaña de prepotente, tendenciosa, moralista, intimidatoria, arbitraria, caciquista, cizañera, segregacionista y pueril. A esta ristra de epítetos le añado los siguientes: tiránica, abusiva, amedrentadora, vil, abyecta, inmoral, infame, cínica, ordinaria, embrutecedora, irrespetuosa, indigna, sucia, asquerosa, impía, desalmada, insensible, violenta, draconiana, perversa, obtusa y torpe, digna de la mente de un patán. Y persiste con ahínco en prejuzgar y, sobre todo, criminalizar al individuo que no paga por los motivos que sean. Es, además, incívica. Sí: incívica. ¿Uno de los preceptos del civismo no es el de que todos y cada uno de los ciudadanos, entidades e instituciones nos tratemos bien unos a otros? Entonces ¿por qué TMB nos falta el respeto, como si de tontos e infantiles vasallos suyos se tratase? ¿Se cree con derecho a insultarnos? TMB podrá alegar en su descargo que la campaña advierte exclusivamente a los que no pagan billete en el transporte público, pero ¿acaso la campaña se dirige sólo a los que se cuelan? No, se dirige a todos los ciudadanos usuarios de TMB tratándonos como a infractores en potencia, amenazándonos de lo que nos pasará si se nos ocurre no pagar, es decir, se nos toma por culpables (posibles no pagadores) mientras no se demuestre lo contrario (que pagamos). ¿Qué derecho tiene TMB a amenazarnos? ¿Por qué y para qué lo hace? ¿Cómo permite el Ayuntamiento de Barcelona, tan empeñado en que seamos supercívicos, que se lance una campaña con semejante tono, tan ofensiva, contra los ciudadanos? ¿Cómo permitimos los ciudadanos de esta ciudad que se nos trate así? Los ciudadanos hemos de ser respetuosos y educados con la ciudad y sus habitantes, visitantes, instalaciones, parques, mobiliario, etc, esto no ha de decirlo ninguna ley, es de sentido común. Entonces, ¿no nos merecemos acaso respeto y dignidad los usuarios de TMB?
A pesar de todo y según su propio eslogan, éste más dicharachero, TMB nos mueve, sobre todo a los que no disponemos de transporte privado y no nos queda más remedio que utilizar sus infraestructuras. A mí, sin embargo, más bien me remueve.
Elque la hace la paga. TMB nos sigue aleccionando. by Dani d'Arco is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.




